jueves, 28 de marzo de 2019

Lo que mal empieza... ¿Mal termina?

Este va con birrita, fría y escarchada.

Pensé mucho en cuál podría ser mi siguiente post, porque tengo un par de cosas medias atravesadas entre el pecho y el estómago con giros al hígado jajaja, se que entienden. Pero me decidí a darle un poquito de continuidad a “la causa” del post anterior. Sin más aquí voy de una y de frente.


Gente: ¿qué carajos nos hace creer que algo que inicia mal, puede terminar bien?

En serio que esa pregunta me ha martillado la cabeza por semanas. Si hasta los refranes y las canciones lo dicen: “Lo que mal empieza, mal termina… Dice el viejo refrán” y uno ahí va, a tropezones y de narices, llena de raspones pero creyendo (o más bien queriendo creer porque uno en el fondo siempre sabe) que la cosa se va a componer en el camino.

Eso NUNCA pasa. O al menos yo no conozco ningún caso mio o cercano en el que la cosa empezara fatal y terminara siendo el cuento de hadas. Han de haber pues toda regla tiene su excepción, pero la regla, LA REGLA asi en mayúscula a ver si lo procesamos, es que si empieza mal, va a terminar igual.

Solo para dar contexto, hace unos meses salí con un chavalo, a los 3 días tuvimos una reu de amigos y en esa reu estaba intentando ligarse a una amiga. El tipo lo reconoce, pide perdón, justifica con que estaba un poco confundido y pide una oportunidad; y yo con mi complejo de Madre Teresa como les decía en el post anterior, le di otra oportunidad… Al final, fueron 2 o 3 meses de un estira y encoje, de un ir y venir de problemas donde lo bueno era el punto y lo malo la sábana.

Pero ¿qué podía esperar luego de lo que había pasado al inicio? O como diría mi madre: ¿qué se puede esperar de un burro si no es una patada?

Algunos estarán pensando “¡Qué clase de bestia!”, “¡Qué falta de amor propio”, etc. Pero se que muchos, muchísimos tienen historias de arranques furris con la espera del final soñado que terminó claramente en el final furris.

Pero vuelvo a mi pregunta ¿Por qué creemos? Respuestas me faltan pero teorías me sobran: ¿querer el final feliz de las películas donde lo feo termina siendo amor eterno? ¿Las novelas mexicanas que nos llenaron de drama pero siempre con finales felices? ¿La historia de esa amiga de la prima de una amiga que luego de un arranque malo tuvo su sueño de amor (porque era la bendita excepción y no la regla como somos todos?) O siendo más noble aún ¿exceso de fe en la humanidad?

Gente… ¡No se! Peroooo ¿saben que si se? Que tenemos que escuchar nuestra voz interior, esa que nos tira la alarma siempre y nos dice que corramos lo más rápido y lejos posible porque vamos a salir inevitablemente maltrechos de la situación.

Debemos, por amor propio, por salud mental y hasta por dignidad humana de dejar de darle segundas, terceras y hasta cuartas oportunidades a la gente que nos lastimó una vez de que siga haciéndolo, y no quiero decir que no perdonemos, quiero decir que aprendamos de la experiencia y pongamos además de corazón y voluntad un poquito de lógica en nuestras relaciones.

Es fundamental entender si o si que si los ingredientes están dañados, por más amor que le pongamos a la receta, el platillo nos va a saber a demonio. Así de sencillo, o prueben ponerle huevos podridos a un queque a ver si se animarían a probarlo… 

Y la vida es eso a final de cuentas, un platillo que hacemos con ingredientes de muchos tipos y eso es lo que le da el saborcito, pero por favor: ¡Usemos solo ingredientes de la mejor calidad! Para que el resultado sea delicioso y no un dolor de panza eterno.

Mari.
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lunes, 11 de febrero de 2019

Jugando a la Madre Teresa, o como escojo chavalos con las patas

¡Este va con café! (porque lo escribo mientras espero a una amiga)

He estado un poquito perdida de estos lados, por mil cosas como les conté en el último post del año. Y una de las razones fue una montaña rusa emocional en la que me subí y hasta ahorita, hace apenas un par de días pude bajarme.

psicologíaonline.com 
¡Uff, estuvo rudo! Pero tengo que decirlo ¡Cómo aprendí, carajo! Mi hermana una vez me dijo que la vida es tan buena maestra, que cuando no aprendemos la lección nos la repite y nos la repite. Y yo siempre me he preguntado ¿Por qué siempre me toca a mi el lilipendo? (o en criollo el imbécil jajaja pero era para decirlo con clase).

Pues la respuesta es taaaaaan simple ¡Porque siempre escojo con las patas! ¿Y por qué siempre escojo con las patas? Ahí es donde viene mi reciente descubrimiento: ¡Porque siempre quiero jugar de la Madre Teresa y escojo almas en desgracia! En términos simples, el mae conflictivo que ni sabe que quiere, menos a quién querer.

Y es que yo no entiendo por qué, pero las mujeres tenemos esa costumbre de andar jugando a rescatar hombres “sufridos”; vivimos en una (ir)realidad donde queremos ser redentoras de otros al precio de crucificarnos muchas veces a nosotras mismas, porque en nuestro afán por ayudar a “sanar” al prójimo, nos dejamos romper el orgullo, la dignidad y hasta el corazón.

Lo trágico de cuando nos involucramos con personas así, es que su misma inestabilidad emocional e indecisión va a provocar inequívocamente dos cosas:

1.    Que el intento de relación fracase.
2.    Que nos transfiera esas emociones a nosotros.

¡Díganme que no! Díganme que no es cierto que cuando uno se involucra con personas así pasa en un ir y venir de amor/odio, de ilusión/incertidumbre, de esperanza/espera, etc; metido en un torbellino de emociones tan cabrón que amanecemos alegres, a los 40 minutos estamos ansiosos, luego a las 2 horas depresivos, y al final del día creemos otra vez en el universo ¿Verdad?

Y entonces la otra persona nos dice que somos locos o raros… y tienen razón. Porque nos desgastamos eternamente en aquella indecisión insoportable entre el arranque del amor propio y la dignidad vs el “voy a ser paciente y darle otro chance”, cuando muy muy en el fondo sabemos cuál va a ser el final de la historia a pesar de nuestros intentos y estrategias por cambiarlo.

¿Por qué lo hacemos? No lo se realmente. Quizás por soledad, por una necesidad enorme de atención y cariño, por nobleza de corazón, por exceso de fe en la gente o simplemente por tercos, necios o masoquistas.

Lo que si se, es que debemos tomar conciencia de este patrón constante para poder romperlo y corregirlo. Y no solo dejando de jugar a ser “redentores” de otros, sino, evitando ser quién “crucifica” al redentor.

¿Y cómo? Haciéndonos responsables también por lo que nos toca, dejando de hacerle remiendos al corazón cada vez que nos lo rompen para salir trastabillando nuevamente al mundo llenos de pendientes, dudas y viejos moretones; pues es de esa forma en que nos convertimos a nosotros mismos en esa alma en desgracia que otro intentará fallidamente rescatar.

Es indispensable darnos el espacio para sanar realmente, para saldar nuestras cuentas y cerrar etapas o capítulos. Como quién dice para ponernos guapos nuevamente, para enterrar verdaderamente el pasado y poder mirar hacia adelante con el aprendizaje pero sin la carga.

Porque saben, nos merecemos alguien que cuando reciba un mensaje nuestro se ponga feliz y le brinque un poquito el corazón en el pecho; no alguien que nos deje en visto, nos conteste con desidia, por compromiso o las 6 horas cuando no tenga nada mejor que hacer.

Pero también ahí afuera en el mundo hay miles de personas que merecen lo mismo y no debemos ser nunca nosotros quienes los tengamos en esa montaña rusa emocional del quiero pero no quiero que tanto nos desgasta y desestabiliza. 

Si nosotros mismos no nos amamos, respetamos, nos damos nuestro lugar y valor ¿es realista pretender que otro lo haga? Rotundamente NO. Como se los he dicho en otras ocasiones – y como a veces lamentablemente lo olvido – Todo pero TODO empieza desde nuestro propio corazón, desde nosotros mismos hacia el mundo. Y es iluso esperar recibir lo que no somos capaces de darnos.

Así que les dejo dos tareas:

1.    Piense si como yo, anda ahí por el mundo queriendo curar a otros mientras se lastima a usted mismo en el proceso y si es así grábese esto: Deje que cada uno se haga cargo de si mismo, que si va por lana va a salir trasquilado.

2.    Haga un examen de conciencia si usted es esa persona que mantiene a otros con el corazón y las ilusiones pendiendo en un hilo. Si la respuesta es positiva: retírese temporalmente del mercado, hasta que arregle su pechito, cure su corazoncito y pueda ofrecer a otros lo mismo que usted busca para si mismo.


Mari.
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miércoles, 19 de diciembre de 2018

El último post del año...

Sin café y sin birra... Solo por hoy.


Este blog significa muchísimo para mi. Cuando lo inicié hace poco más de un año lo hice pensando en poder compartir con otros mis pensamientos y vivencias, pero principalmente en tener un espacio donde expresar todas las cosas que llevo en el alma, en la mente y en el corazón.

Tras varios meses de no ser capaz de escribir dos frases seguidas quiero recordar ese por qué. No hay una sola razón para no escribir: trabajo, estudio, falta de tiempo, exceso de estrés, pensamientos vagos, sentimientos abstractos…

¡Es que han pasado tantas cosas este año! ¡Es que he cambiado tanto este año! Quizás esté aún en ese proceso de descubrir todo lo que soy y siento ahora. Quizás apenas me empiece a reconocer entre el ajetreo imparable del día a día – casi segundo a segundo – que ha sido este año.

Es probable, que aún no tenga en orden todos mis sentimientos (me pregunto ¿si eso se logra algún día?) y si los sentimientos vuelan ¿cómo se aterrizan los pensamientos que se relacionan con ellos? Y no es queja, es solo una teoría de lo que me pasa, una posible causa/justificación a este estado en el que me encuentro.

Tan en paz y tan intranquila. Tan llena a veces y con un agujero enorme en el pecho otras… Tan yo y tan otra persona que no reconozco en el espejo. Es parte del cambio y la evolución o al menos eso me digo cada mañana o noche en que eso sucede.

No voy a irme más ni a dejar aquello que realmente me llena como escribir acá, pero quiero terminar este camino hacia mi misma que inicié en enero cuando tomé ese vuelo a Dublin, Irlanda.

A todos les deseo una feliz y hermosa navidad al lado de sus familias, seres queridos y de ustedes mismos. Un 2019 lleno de todo lo que no piden nunca pero que necesitan siempre… 

¡Nos leemos pronto!

Mari.
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miércoles, 3 de octubre de 2018

Siendo feliz cuando no estamos tan felices

Este va con cafecito bien cargado.

Aún puedo recordar la sensación tan increíble de paz que tenia al pie de esos acantilados en Irlanda; cierro los ojos y puedo sentir y escuchar soplar fuertemente el viento al tiempo que se llevaba todo mi dolor, mis preocupaciones y mi basura interna hasta el fondo del mar.

Tenía tanto tiempo de no tener una paz tan plena que en ese instante todo me parecía nuevo. Me prometí no volver a permitir que nadie, ni siquiera yo, me volviera a hacer tan pesada la carga en el corazón. Han pasado 8 meses desde que me despedí con lágrimas de felicidad de los Acantilados de Moher y fijo la mirada en el espejo para con un sabor amargo decirme, que me he roto esa promesa… Yo y solo yo misma.

Una semana completa de crisis ansiosas, algo que no me sucedía desde hace unos 5 años quizás, me confirma que la carga nuevamente es demasiado pesada para caminar sin dificultad.

¡Quisiera con mi alma entera estar de nuevo en Moher! O tomar nuevamente ese avión que me lleve un mes lejos de acá, pero no puedo porque ¿Cómo huir de nosotros mismos? No hay lugar en el mundo del que podamos escapar de nuestros pensamientos y nuestros demonios…

No es que ese viaje haya sido en vano. Se que en ese mes mi corazón y mi cabeza dejaron atrás muchas cosas, cerré etapas que insistía en mantener, tomé decisiones que había postergado por mucho tiempo, me reencontré conmigo en algunos aspectos, gané seguridad en mi misma y me llené de una energía renovada y diferente.

¿Entonces que pasó? Que conservé algunos malos hábitos que volvieron a echar piedras al paso como el de postergar decisiones importantes, pensar y repensar las cosas innecesariamente, querer abarcar más de lo que en realidad puedo y dejarme a mi un poco de lado por el estrés y afán del día a día.

Y esas pequeñeses, como las he visto hasta hoy, han hecho que todo lo ganado y aprendido, incluso la lucha por mi salud física se vea ensombrecido por el regreso de mi ansiedad y la pérdida temporal de mi salud emocional. 

Y ahora que lo he reconocido, hago incapié en una frase que escuché un día de estos y viene perfecta: “Agua pasada no mueve el molino”. Esta vez, no me voy a quedar lamentándome por haberme traído al presente costumbres que me han dañado en el pasado, lo digo ahora para poder materializarlo, digerirlo y pasarlo de una vez por todas.

Porque a final de cuentas esto es la vida, un constante aprendizaje, un constante cambio, un andar disparejo que nos da buenos paísajes pero también baches en el camino. Es el ciclo de la evolución, la destrucción para la creación, el dejar ir para permitir llegar también. Y está bien, es natural. Porque por más que nos obsecione, la perfección no existe.

Y como lo he dicho en otros post, la felicidad es una decisión personal que yo tomé ya hace tiempo y disfrutar el viaje no es solo sonreir cuando sale el sol, sino hacerlo aún cuando haya lluvia y esté el cielo oscuro. Sencillamente.

No quiero pensar en ayer, pero tampoco voy a preocuparme de más por el mañana, porque de ninguno tengo control. Voy a abrir mis ojos cada mañana y recordar que ese momento es todo lo que tengo y lo único que es real; y aprovecharlo sin miedo ni reserva.

Hoy, no me voy a crucificar por haber tropezado. Me sostengo firmemente, esbozo una sonrisa y me recuerdo a mi misma: “No pasa nada Mari, es solo parte de la magia y la bendición de vivir”. Y si doy un paso atrás, tomo impulso y me mando con 2 hacia adelante, eso también es progreso y es lo único que verdaderamente cuenta.

Mari.
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Subiendo el amor propio (bajando los kilitos)

¡Este va con cafecito! 
Para aprovechar y compartir con ustedes mi experiencia de pérdida de peso ¡NO, NO, NO ES UN POST FITNESS! Sigan leyendo un poquito más y denme la oportunidad de explicarles por qué esto se relaciona con lo que normalmente comparto acá en el blog.

Ahora al grano. Hace unos años llegué a mi peso máximo de 70kg. Ustedes dirán que no es mucho, pero les cuento que soy súper pequeñita, mido solo 1.50m y ese peso significa unos 20kg de más aprox. Siempre decía “el lunes empiezo la dieta” pero no paraba de comer,  iba al gimnasio pero literalmente a lamparear.

¡Un chance más porfa! Solo quiero ponerlos en contexto.

Físicamente tenía hígado graso, triglicéridos en el cielo, me enfermaba mucho, padecía leucopenia y tenía el riesgo cardiaco de una persona de 50 años cuando no tenía ni 30. Emocionalmente era peor, mi autoestima estaba más baja que el rendimiento de La Sele, mi confianza y seguridad eran nulas e inclusive rechazaba invitaciones de amigos a salir porque sentía que la gente me iba a criticar y los chavalos ni me iban a alzar a ver. Sencillamente no me quería ni poquito.

Foto: cartagenadiario.es
Y aquí es donde empieza la cosa interesante. Un día, hoy no recuerdo porqué fue, llegué a un punto de quiebre. Me paré frente al espejo y mi cuerpo me dijo: 
  • -    Bueno Mariethcita, te guste o no, me querás o no, nos tocó esta vida juntos. Cuerpo y alma señorita, no hay quite. Así que o nos reconciliamos y empezamos a llevarnos mejor, o nos vamos al hueco juntos sin vuelta de hoja.

Y por primera vez en un tanate de tiempo pude hablarle a mi cuerpo, a ese que hacía lo posible por ni mirar mientras me maquillaba, me peinaba o me medía ropa:
  • -      Diay si ¡qué le hacemos! No has sido ni serás nunca perfecto, siempre vas a tener cosas que no me gusten o que quiera mejorar, pero diay… Es el “lugar” donde me tocó vivir hasta que Tatica Dios quiera. Tocó aceptarnos y si es posible, llevarnos bien y querernos, ya son muchos años de divorcio y de odio.



Se pueden reír y creer que estoy loca pero ¿A poco ninguno se habla al espejo? Hasta buena práctica resulta a veces ¡Prueben y verán!

Bueno volviendo al tema. Ese día que nos reconciliamos cuerpo – alma y nos aceptamos, decidí que trabajaría en ser mi mejor versión posible. Pero ya no para que otros me quisieran o me miraran, sino para quererme y mirarme yo misma, para amarme porque descubrí que ahí inicia todo: en uno mismo.

El cambio físico fue tan lento y tan a pasito de tortuga, que en el día a día no lo notaba. El emocional fue toda una revolución, porque comprendí que todo lo que buscaba en el exterior lo tenía dentro, que otros no me amaban ni aceptaban no por mis kilos demás sino porque yo no me amaba ni aceptaba a mi misma. Nadie me aisló, yo me aislé solita. Nadie fue arisco conmigo en la U o en mi vida personal, yo fui arisca con ellos porque no creía merecer la amistad de nadie.

Y quiero ser súper enfática en este punto: con mi post no quiero decirles de ninguna forma que sean flaquitas o gorditas, o etc; quiero decirles que SE ACEPTEN tal cual son, que sean felices, que se reconcilien con sus cuerpos y por sobre todo que SE AMEN, porque sin duda uno cuida mejor de lo que ama que de lo que le toca.

El cambio físico y los kilos que perdí no es la razón por la que me amo tanto a mi misma. Más bien la pérdida de peso es la consecuencia, el resultado, porque al valorarme realmente quise mejorar mi deficiente salud y tener mayor calidad de vida pues en el fondo nos auto saboteamos porque creemos  que no valemos el esfuerzo.

Perder peso no es fácil, es una lucha fuerte que mentalmente muchas veces nos derrota o nos hace vivir entre altibajos. Por eso, es mejor luchar por nuestro cuerpo que contra él. Personalmente hasta que me respeté, me valoré, y creí merecerlo lo logré. Hasta que entendí que era algo para mi y por mi pude ver los resultados. 

Ahora, por la lesión de mi espalda de la que les hablé en un post anterior, me toca seguir poniéndole con el ejercicio y la buena alimentación; y lo comparto en mi Instagram Stories (aprovecho para invitarlos a seguirme @maricr_blog) no para que digan ¡Uy que carga ella! Sino porque se que somos muchos mortales los que estamos en esta lucha por la salud y quién quita un quite y alguien pueda sentir que no está sol@ pulseándola y echemos juntos hacia adelante.

Y les dejo el reto, pónganse frente a un espejo, mírense a los ojos con amor y no con odio ni reproches, hablen con ustedes, reconciliense y serán testigos de un milagro: de un momento a otro eso que tanto odian y evaden en el espejo cambia drásticamente y se convierte en mucho amor y una sonrisa.

Finalmente, el mensaje detrás de esto es simple: AMARNOS ¡AMÉMONOS MUCHO! Sin importar nada ni kilitos, pancita, celulitis, estatura, cabello, etc. Amémonos porque lo merecemos y lo valemos hoy y ya, no en 5kg menos, lo valemos en este momento tal cuál somos. Se los prometo que es así y que vale mucho la pena.

 Mari.




PD: perdí en total 16kg en 3 años, l e e e e e e n t o como les dije porque no tengo disciplina y no puedo cerrar el pico, pero hay quienes pierden eso en 3 o 4 meses. Lo importante: la disciplina, la constancia y la paciencia, pues como dice el dicho “del apuro no más el cansancio queda”.
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