jueves, 28 de diciembre de 2017

Mi nueva lista de propósitos para el Año Nuevo

Foto: readwriteweb.es

Este va con birra ¡Para despedir el año y hacer honor al mes!

Todos los años al llegar esta época, por convicción o por costumbre, nos sentamos a hacer nuestra lista de propósitos para año nuevo. Y aunque miren la del año pasado y sientan que no cumplieron ni la mitad, no se ahueven ni desistan de plantearse metas para el 2018.

Así que tomemos papel y lápiz y pensemos ¿qué queremos lograr en este nuevo año?

Años anteriores, mi lista estaba llena de los kilos que quería bajar, el novio que quería encontrar, etc. Pero este año decidí aceptarme  y quererme tal cuál soy y enfocar mi lista en cómo disfrutar mucho más este viaje que es la vida.

Y sin más preámbulo ni orden específico, acá va (quizás alguno lo inspire o se identifique):

  1. Dejar de ser tan dura conmigo misma. No reprocharme todo, ni decirme que aunque lo hice bien lo pude haber hecho mejor. Darme una palmadita en la espalda de vez en cuando y reconocerme mis pequeñas victorias.
  2. Más tiempo para mi familia y amigos. Increíble que el año se nos vaya sin ponernos de acuerdo para ese café o el almuerzo con la familia porque siempre estamos ocupados y cansados. O sea, ni que Obama para tener siempre agenda full.
  3. Cuidar más de mí. Esto engloba salud física, emocional, amor propio, dedicarme tiempo, darme cosas que me gustan, etc. ¡Pucha! Somos la única persona con la que vivimos toda la vida y a veces la que menos cuidamos.
  4. Sacar todo lo tóxico de mi vida. TODO. Empezar y continuar el año sin la gente tóxica, chismosa, envidiosa, quejosa, etc.; sin cosas materiales que guardamos y nos atan a un pasado que ya se fue. Todo eso nos roba la energía y nos quita espacio para lo lindo y lo chiva.
  5. Vivir un día a la vez. Dejar de estar ansiosa por el quizás, el “si llega…” o el “y si…” que de nada sirven. Todo lo que hay es hoy, este segundo lo demás es incierto y por tanto incontrolable
  6. Invertir más en experiencias y menos en cosas. Un señor que conocí una vez en el hospital me dijo que cuando uno se muere solo se lleva dos cosas: lo vivido y lo comido. Algunas cosas materiales son necesarias, pero otras son solo cargas para el viaje de vida.
  7. Seguir soñando. Imaginar, dibujar mi mundo ideal, intentar tocar las estrellas, trazar caminos que aunque escabrosos me guían hacia mis objetivos y mis metas.
  8. Aprender algo nuevo. Un oficio, un idioma, un hobby ¡lo que sea! Pero nunca dejar de aprender. Cultivar la mente también es importante.
  9. Con este quizás se van a reír, pero es una meta muy personal y real: No decir más malas palabras. Por mucho tiempo renegué y me reservé el derecho de decirlas en un acto de rebeldía social a eso de “que feo se escucha una mujer hablando así”. Y ahora no lo dejo por ser mujer o porque se escuche feo, sino por mí, porque quiero que mis palabras en este año que viene solo reflejen cosas positivas. Eso sí, si me golpeo en un mueble o me saco la viuda, me reservo el derecho de decir desde el alma un “hp”, sorry.
  10. Ser feliz. Y no es buscar la felicidad, eso se construye día a día; tampoco son circunstancias perfectas ni de 100% éxitos, hablo de ser feliz con baches, altibajos, pruebas. Decidir siempre mantener la frente en alto, tomar lo bueno o el aprendizaje y seguir el camino. Si el día no se presta para ser una flor sino un cactus, al menos seamos el cactus más lleno de vida que se pueda.
Independientemente de lo que haya en su lista, no se deje contagiar por aquellas personas que no creen ya en los sueños, que creen que la vida no puede cambiar y tratan de contagiarnos de esa mala vibra diciéndonos que es inútil tener propósitos.

Y si bien es cierto no necesitamos que sea 1ro de enero para tener una vida más plena, es una fecha muy simbólica que podemos aprovechar para dar ese paso adelante y convertir esas metas en logros. Solo póngale ganas, esfuerzo, corazón y trabajo. Mucho trabajo.

¡Feliz y bendecido 2018!

Mari.
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viernes, 22 de diciembre de 2017

Una pareja para Navidad... O no.

Este va con café, porque si le ponemos birra y no le encontramos el lado tuanis se pone grave el día ;)

¡Ahora si estamos en pleno en la navidad y en vísperas de la noche buena! Y por primera vez en no sé cuántos años, no he escuchado una sola vez “Navidad sin ti” (¡en tu cara, Marco Antonio!)

Aclaro: no es que tenga parejita esta navidad ¡ya quisiera! Recuerden el post pasado… Pero a diferencia de otras navidades esta no me ha dado el síndrome – al menos aún y espero mantener el invicto – de tan afamada canción.

Puede ser que la razón, es que me encuentre de luto por mi reciente ya conocida despedida amorosa. O simplemente que maduré… o algo similar a eso…  mmm ok.

Lo cierto es que en esta época se nos hace un poco más evidente la carencia de una pareja ¿Por qué? Cientos de razones, algunas por ejemplo:
  • Los eventos familiares: donde no falta un tío o una tía que nos recuerde que seguimos sin pareja y nos diga que ya casi nos dejó el tren (y a uno que le pica la lengua por contestar “Relax, que hay aviones”).
  •  Las reuniones de “ex–algo”: donde llegan todos con espos@s, hijos, fotos de aniversario, etc. y tenemos que evadir algunas miradas de “pobre, ni el cadejos le sale” y uno que otro consejo-regañada sobre cómo conseguir el amor (¡cómo si estuviera en una vitrina o en un libro de autoayuda!)
  • Los paseos a la playa con amigos: donde todos van con sus parejas y alguno te ofrece llevar a otro amigo a ver qué pasa.
  • La chavala de la tienda: donde llegas a comprar un regalo para tu papá o hermano y siempre te dicen: “¿es para el novio?” (no sé si a los chicos les pase lo mismo).
  • La películas de navidad: ¿han visto como el 99% de las películas que dan relacionadas a la época son sobre el milagro de la media naranja (debería ser uva o manzana para ir a tono) en la navidad? Como la de Kate Winslet y Cameron Díaz, una de mis favoritas por cierto jaja.
  • El frio decembrino: Dejémonos de cosas ¿quién cuando se le congelan los piecitos en la noche no piensa en lo lindo que sería entrepiernar en lugar de echarse otra cobija o ponerse un par de medias más?
Y la lista podría seguir, pero todos los que estamos solteros o lo hemos estado para esta época sabemos de sobra todo lo que pasa por la cabeza y el corazón en Navidad.

Pero como siempre tengo la costumbre, o bendición, como quiera que se vea, de ver el lado bueno de las cosas les digo:

Gente, no nos pongamos tristes ni melancólicos ¿en qué ayuda? Menos guardemos todo ese amor y compañía que tanto queremos entregar para nosotros mismos ¿de qué sirve quedárnoslos? ¡Repartamos todo a la gente a nuestro alrededor! Dejemos que ese sentimiento de felicidad, esperanza y paz que trae la época fluya y se desborde hacia todos nuestros seres queridos y por qué no, hacia aquellos menos afortunados que tanto necesitan una gotita de alegría.

Y no, no es vano consuelo. Es negarse a empañar una época tan hermosa con sentimientos que no aportan; recuerden que el amor trae amor y una buena siembra siempre dará una buena cosecha. No pierdan nunca la esperanza en que el día menos pensado, cuando nuestro corazón esté preparado, nos va a tocar el hombro la bendición de un compañero de vida.

Deseo con todo mi corazón que la magia y el amor que debe imperar en esta época llene sus corazones hasta el copete y no permita que esa cancioncita tan corta venas, les asome la tristeza a la mirada.


¡Qué pasen una hermosa y bendecida navidad!

Mari.
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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Diay... ¡Estoy desempleada!

Este va con café negro, bien cargado y sin azúcar ¡cómo me gusta!

Estoy desempleada ¡Qué frase más fuerte en ocasiones de decir! ¡Qué mezcla tan extraña de emociones me provoca digerirlo!

Por un lado está lo laboral:
Cuando se tiene un trabajo bien remunerado, en lo que estudiaste y te gusta, es como poder tocar una parte del cielo. Pero cuando pasan los años y nada más pasa en ese trabajo, y tienes metas, planes y sueños que comienzan a ser disonantes con ese “trabajo ideal” la felicidad empieza a desaparecer y las dudas te abrazan el presente.

Sentís como el confort y el temor al cambio te empiezan a atar, porque no sabés si dar un paso en otra dirección te va a traer todo lo que ahora tenés, si por querer volar vas a dejar de caminar. Sin embargo en el fondo seguís sintiendo un bichillo que te dice “¡Tiene que haber algo más!”.

Y como les comenté en mi primer post, regresé de vacaciones con esa sensación de que quería algo más para mi vida que lo que tenía en ese momento. Caí en cuenta que quizás hacía ya tiempo había perdido aquella pasión por mi trabajo que siempre me ha caracterizado, y empecé por primera vez con firmeza a buscar otras alternativas.

Quizás algunos crean que el pecado fue confesarlo, pero es que si te preguntan directamente es difícil decir otra cosa cuando sabes que en el corto plazo las acciones demostrarán lo contrario. Para mi, se llama transparencia y lealtad, más no imaginaba que para otros querer cumplir sueños y expresar un deseo de desarrollo se llamaba “ya no nos servís”.

Si me preguntan, no me arrepiento. Con eso no quiero decir que firmar la cartita es chivísima, porque nadie disfruta un despido; pero por dignidad, letargo o fe, siento el corazón tranquilo, ilusionado y lleno de una confianza absoluta en un mañana mucho mejor.

Quizás sea porque tenía varias semanas orando a Dios por un cambio, por una oportunidad de empezar de nuevo y recobrar esa ilusión perdida. Claro que en mi mente el camino era diferente, pero a lo largo de mi vida Él siempre me ha demostrado que sus planes son mejores que los míos.

O quizás simplemente porque creo que soñar, tener metas y querer un futuro mejor jamás puede terminar en algo negativo; menos si viene acompañado de trabajo, dedicación, sacrificio y esfuerzo.

Y por el otro lado está lo humano:
Aquí es donde la mula botó a Genaro… En lo personal, me encariño con facilidad con las personas y saber que el desapego es parte del paquete es el trago que me resulta más difícil. Y los que hemos vivido el proceso de cambio de trabajo sabemos, que por más que uno jure mantener el contacto las cosas siempre cambian y muchos se quedan en el camino.

Más cuando parece que la tristeza me va a tocar al fin, recuerdo aquella frase de un libro que leí tiempo atrás: 

“Con el tiempo fui comprendiendo que los gestos de cariño pueden no ser eternos, pero que recibirlos es una bendición.”
- La voz de Raúl -

Entonces descubro nuevamente con la cantidad de llamadas recibidas y el montón – de verdad que no exagero – de mensajes tan hermosos que he recibido de mis excompañeros que soy una persona infinitamente bendecida y que la mayor ganancia sin duda es haber podido ganar con mi trabajo el respeto y el cariño de las personas.

Los ciclos se cierran para poder abrir otros llenos de nuevas experiencias. Si, la vida sigue para ellos, pero también sigue para mi. Y esa, es mi mayor certeza y mi más grande motivación.

Como reflexión final de mi momento: no dejen nunca que alguien, quien sea, les diga que no pueden lograr algo; ni permitan que el confort de un trabajo les corte las alas a sus metas y a sus deseos de crecer y superarse, porque lo repito hasta el cansancio: la vida es muy corta para no ser feliz.

Mari.



PD: si hoy usted está como yo, en espera de un nuevo trabajo, no se amargue estos días, aproveche la época para agradecer por todo lo demás que tiene en su vida, que estoy segura es mucho; y declare con fe y convicción que el año que está por comenzar le deparará ese empleo que tanto anhela. Lo mejor apenas está por llegar. 
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miércoles, 6 de diciembre de 2017

Varias letras y una despedida

Este va con birra, porque hay cosas que se terminan de la forma en que iniciaron...

Me gusta alguien. No es nuevo, me ha gustado por mucho tiempo… Quizás demasiado. Al principio como algo que no sucedería, luego como una probabilidad y finalmente como un incierto. Suena confuso lo sé pero asi esto.

He pasado el último año en un intermitente “le gusto/no le gusto” que ha sido imposible de descifrar. Cuando pienso que no y vuelvo la mirada a otro lado, vuelven a suceder cosas que me hacen, con la ingenuidad y la fe en las personas que conservo, creer que puede avanzar. Más no sucede.

Se abre una ventana y luego se cierra una puerta, se abre un portillo y luego se levanta un muro. Me he hecho miles de interrogantes que no llegan jamás a explicar qué sucede realmente entre ambos.

He intentado, con prudencia casi siempre y con frustración a veces, expresar al menos una parte de mis sentimientos o tener una pista de los del otro lado de la acera, pero impera el silencio. También he procurado “hacer mi parte” y dar paso al frente, pero me doy cuenta que no hay suelo donde apoyar el paso.

Así que con algo de sin sabor y mucho de amor propio, al fin decido poner candado al capítulo y botar la llave, poniendo dos puntos finales necesarios:

A vos, alguien (a mi alguien, y al que sea ese alguien para otras personas):
Se que no tenés obligación de quererme, los sentimientos son libres y no se imponen. Más si no querés a alguien, no hagás cosas que den a entender lo contrario. Si no tenés interés, no te acerqués tanto que pueda mal interpretarse. Porque no sentir es válido, pero confundir adrede es cruel.

A veces las apariencias alejan o acercan a las personas y confié siempre en la posibilidad de que si te dabas la oportunidad de conocerme, algo realmente bueno pasaría entre ambos. Pero la realidad, es que lo único que pasa es el tiempo.

He aprendido que quién realmente tiene interés, siempre lo demuestra. Y aunque mis preguntas nunca tengan respuestas, y no pueda conocer de razones y por qué, decido que necesito mucho más que ilusiones que duran unas horas o un par de días.

La incertidumbre y la duda no son buenos alimentos para el corazón, asi que este es el punto final de ese algo que lleva más de un año y nunca llegó a ser historia. Lo entregado te lo podés dejar, con la certeza total que fue real y sincero.

A mi (y a todos los que estén en mi posición):
Si te gusta suficiente alguien siempre vas a querer ver si algo puede pasar. Si le sumás las señales de interés ocasionales, te cuesta aceptar que quizás nunca podás tener lo que querés, porque ese interés puede existir, pero ser diferente al que esperás.

Fue bueno que lo intentaras, porque no habrá un futuro “Y si hubiera…” machacándote los recuerdos, pero si seguís, el intento se convertirá en algo que te va a robar la paz.

Escuchar tu corazón siempre ha sido y será una excelente práctica, pero cuando lo conectás a la razón la magia sucede y los nublados del día se despejan. Entonces entendés todo y ves el panorama, quizás sin detalles pero siempre con el camino a seguir marcado (en el fondo, siempre lo sabés).

Tenés que ser clara y tener la determinación suficiente para ponerte primero, cuidar de tu corazón, decir “suficiente” y dejar ir. Quedate con lo vivido, pero como un lindo recuerdo, no como una cuerda rota a la que te aferrás y te aferrás tratando de sostener una vaga ilusión que nunca se convertirá en un presente palpable.

Y no pensés si ese alguien es bueno o no lo es, porque no basta que sea un buen partido si no es un buen partido para vos.




Espero que si alguien está pasando una situación similar, decida ya no estar en el limbo de lo “probable/ posible / quizás / milagro”. Las ilusiones son hermosas, pero solo cuando pueden echar raíces. Recuerden que la vida es una cajita de sorpresas y si tenemos la vista al frente, nos puede realmente llegar a sorprender.

Mari.
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