lunes, 11 de febrero de 2019

Jugando a la Madre Teresa, o como escojo chavalos con las patas

¡Este va con café! (porque lo escribo mientras espero a una amiga)

He estado un poquito perdida de estos lados, por mil cosas como les conté en el último post del año. Y una de las razones fue una montaña rusa emocional en la que me subí y hasta ahorita, hace apenas un par de días pude bajarme.

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¡Uff, estuvo rudo! Pero tengo que decirlo ¡Cómo aprendí, carajo! Mi hermana una vez me dijo que la vida es tan buena maestra, que cuando no aprendemos la lección nos la repite y nos la repite. Y yo siempre me he preguntado ¿Por qué siempre me toca a mi el lilipendo? (o en criollo el imbécil jajaja pero era para decirlo con clase).

Pues la respuesta es taaaaaan simple ¡Porque siempre escojo con las patas! ¿Y por qué siempre escojo con las patas? Ahí es donde viene mi reciente descubrimiento: ¡Porque siempre quiero jugar de la Madre Teresa y escojo almas en desgracia! En términos simples, el mae conflictivo que ni sabe que quiere, menos a quién querer.

Y es que yo no entiendo por qué, pero las mujeres tenemos esa costumbre de andar jugando a rescatar hombres “sufridos”; vivimos en una (ir)realidad donde queremos ser redentoras de otros al precio de crucificarnos muchas veces a nosotras mismas, porque en nuestro afán por ayudar a “sanar” al prójimo, nos dejamos romper el orgullo, la dignidad y hasta el corazón.

Lo trágico de cuando nos involucramos con personas así, es que su misma inestabilidad emocional e indecisión va a provocar inequívocamente dos cosas:

1.    Que el intento de relación fracase.
2.    Que nos transfiera esas emociones a nosotros.

¡Díganme que no! Díganme que no es cierto que cuando uno se involucra con personas así pasa en un ir y venir de amor/odio, de ilusión/incertidumbre, de esperanza/espera, etc; metido en un torbellino de emociones tan cabrón que amanecemos alegres, a los 40 minutos estamos ansiosos, luego a las 2 horas depresivos, y al final del día creemos otra vez en el universo ¿Verdad?

Y entonces la otra persona nos dice que somos locos o raros… y tienen razón. Porque nos desgastamos eternamente en aquella indecisión insoportable entre el arranque del amor propio y la dignidad vs el “voy a ser paciente y darle otro chance”, cuando muy muy en el fondo sabemos cuál va a ser el final de la historia a pesar de nuestros intentos y estrategias por cambiarlo.

¿Por qué lo hacemos? No lo se realmente. Quizás por soledad, por una necesidad enorme de atención y cariño, por nobleza de corazón, por exceso de fe en la gente o simplemente por tercos, necios o masoquistas.

Lo que si se, es que debemos tomar conciencia de este patrón constante para poder romperlo y corregirlo. Y no solo dejando de jugar a ser “redentores” de otros, sino, evitando ser quién “crucifica” al redentor.

¿Y cómo? Haciéndonos responsables también por lo que nos toca, dejando de hacerle remiendos al corazón cada vez que nos lo rompen para salir trastabillando nuevamente al mundo llenos de pendientes, dudas y viejos moretones; pues es de esa forma en que nos convertimos a nosotros mismos en esa alma en desgracia que otro intentará fallidamente rescatar.

Es indispensable darnos el espacio para sanar realmente, para saldar nuestras cuentas y cerrar etapas o capítulos. Como quién dice para ponernos guapos nuevamente, para enterrar verdaderamente el pasado y poder mirar hacia adelante con el aprendizaje pero sin la carga.

Porque saben, nos merecemos alguien que cuando reciba un mensaje nuestro se ponga feliz y le brinque un poquito el corazón en el pecho; no alguien que nos deje en visto, nos conteste con desidia, por compromiso o las 6 horas cuando no tenga nada mejor que hacer.

Pero también ahí afuera en el mundo hay miles de personas que merecen lo mismo y no debemos ser nunca nosotros quienes los tengamos en esa montaña rusa emocional del quiero pero no quiero que tanto nos desgasta y desestabiliza. 

Si nosotros mismos no nos amamos, respetamos, nos damos nuestro lugar y valor ¿es realista pretender que otro lo haga? Rotundamente NO. Como se los he dicho en otras ocasiones – y como a veces lamentablemente lo olvido – Todo pero TODO empieza desde nuestro propio corazón, desde nosotros mismos hacia el mundo. Y es iluso esperar recibir lo que no somos capaces de darnos.

Así que les dejo dos tareas:

1.    Piense si como yo, anda ahí por el mundo queriendo curar a otros mientras se lastima a usted mismo en el proceso y si es así grábese esto: Deje que cada uno se haga cargo de si mismo, que si va por lana va a salir trasquilado.

2.    Haga un examen de conciencia si usted es esa persona que mantiene a otros con el corazón y las ilusiones pendiendo en un hilo. Si la respuesta es positiva: retírese temporalmente del mercado, hasta que arregle su pechito, cure su corazoncito y pueda ofrecer a otros lo mismo que usted busca para si mismo.


Mari.
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