Historias cotidianas

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Bajar estándares para conseguir pareja

No se si decir que he tenido mala suerte en temas del corazón o bien, que la vida me ha mostrado muchos caminos incorrectos para aprender y prepararme para el momento/la persona correcta. Pero en términos simples: Si, me ha ido regular.

Este va con café, ya que es una inspiración de la tarde de hoy. 



Algunas personas me han dicho que simplemente no me he encontrado con esa persona y otras más osadas me han cuestionado sobre el hecho de que tal vez soy demasiado exigente y hay que bajar estándares. Lo he pensado y reflexionado. Y aunque en ocasiones pasadas quizás por mi poco amor propio y mi afectada autoestima he estado de acuerdo, hoy necesito discernir.

¿Por qué siempre te dicen que debes bajar estándares? Cuando escucho esto siempre pienso en cuánto tiempo podría alguien resistir conviviendo con otra persona que no sea lo que soñó. Y no, no digo que si usted se sueña con Jason Momoa se quede siempre esperando que el mae venga a declararle amor o no acepta a nadie más. Sino me refiero a que tanto podría uno soportar o que tanto se podría conformar por debajo de lo que siempre quiso. 

Hay cosas que claramente son negociables cuando conoces a alguien para una relación. Les pongo un ejemplo: Yo tengo preferencia por los hombres morenos, pero no implica que si llega uno blanco de una lo voy a rechazar. Esas con cosas que si, que podés aceptar y que la vida siga. Pero hay muchas otras que son vitales y necesarias para alguien y que quizás por hacer caso al “baje el estándar, mamita” uno deja de lado y luego se trae al traste una relación que desde el inicio no debió de existir.

Otro cuestionamiento es ¿Qué es realmente pedir mucho? Porque se que todas las personas solteras hemos escuchado eso en diversas ocasiones de nuestra vida “Es que usted pide mucho” “es que usted espera demasiado” “es que sus estándares son muy altos”

Really? Mmm no se… Retomando un poco el punto anterior, así como hay cosas negociables hay otras que para mi son indispensables para estar con alguien: valores personales y familiares, creyente en Dios, un proyecto de vida claro no solo en palabras sino en planes y acciones definidos, estabilidad financiera (no busco alguien que me mantenga, pero tampoco mantener a nadie), nivel de preparación académica similar (por aquello de los complejos..) y uno que otro hobbie en común. 

Y bueno sin dejar de lado la atención, el interés y los detalles que puedan tener, el hacerme sentir valorada, respeta y querida ¿Que si me las he brincado? Pues si… Pero por algo estoy escribiendo este post, porque a la fecha hacerlo ha sido un aprendizaje más (para hablar del lado positivo de la palabra fracaso).


¿Eso es pedir mucho? Personalmente creo que no. Porque va súper alineado a lo que yo como mujer y persona puedo ofrecerle a una pareja. Y si es que pedir en la que medida que podemos dar es ser muy exigente y tener estándares muy altos, entonces en ese caso creo que la respuesta sería: *con pecho inflado y frente muy alta* Si, pido mucho.

Y todo el cuestionamiento anterior me lleva a dos conclusiones importantes:

1. Cada uno de los que estamos solteros, estamos así por nuestra propia responsabilidad ¿no lo sabía? Si, por nuestra responsabilidad positiva con nosotros mismos. Porque no queremos conformarnos a lo poquito que algunos ofrecen a cambio de lo mucho que toman o reciben de nosotros. Porque decidimos no negociar cosas que sabemos son pilares en la construcción de una relación fuerte y duradera en el tiempo a cambio de poder “estar en una relación”.

2. No se achique nunca para caber. Nunca permita que todo lo que usted es, todo lo que usted tiene, y todo lo que usted aporta y ofrece se disminuya para entrar en un corazón demasiado pequeño solo porque otros piensan que pide o espera demasiado. Esté abierto a opciones, permítase conocer personas, salir, etc. Pero jamás disminuya su valor cuando otros deberían subir para alcanzarlo. Y no, eso no es un acto de narcicismo, de orgullo o de “jugar de vivo”, es simplemente un reflejo natural de autoestima y amor propio.

Mari. 
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¡Me corté el cabello! Y de paso los miedos ;)

Este va con cafecito (es que la nueva nutri me talla más las birritas jaja)


Es un mensaje cortito, pero tengo algo que quería compartirles: ¡Qué me corté el cabello! Y ustedes estarán pensando: “¿Y eso cómo por qué debería de ser relevante para el resto del mundo?” Bueno, porque aunque la razón principal es que quería un cambio de look, hay un motivo o mensaje detrás de hacerlo. Les explico.

Yo amo el cabello largo, pero también tengo que reconocer que siempre lo usé como un escudo o una capa para esconderme y ocultar a otros mis imperfecciones físicas; esto porque con el cabello corto sentía que estaba expuesta al mundo, que todos podían verme tal cuál era: que si los gordos de la espalda, que si la papada, que si los brazos con alitas, que los cachetes, etc… Se que ustedes saben a qué me refiero.

Pues bueno, llevaba mucho tiempo pensando que quería un cambio de look, pero el pensar en cortarme el cabello me hacía sentir bastante inquieta. Lo confieso. A pesar de que mi autoestima y mi autoconfianza han mejorado muchísimo.

Sin embargo el jueves, me armé de valor y me dije: Mariethcita, ya es hora de que deje de esconderse y que se demuestre a usted misma cuánto ha crecido, cuándo se valora y cuánto se ama, además ¡te merecés un cambio de look!


Tenía mucho miedo de verme al espejo y descubrir que todos esos miedos e inseguridades no se habían ido, pero cuando levanté la mirada vi el reflejo de una mujer fuerte, valiente y hermosa. No, no estoy rajando ni me creo Thalía, sino que al fin soy hermosa a mis propios ojos.

Salí y crucé la calle caminando con una actitud nueva. Me vi en el retrovisor del carro un brillo en los ojos que nunca antes había visto al menos en mi. Al otro día me levanté y lo primero que hice fue verme al espejo y decirme: ¡Pucha que amaneciste guapa hoy! 

¡Es increíble cómo teniendo tanto que dar y compartir nos escondemos del mundo a causa de nuestros complejos y nuestras inseguridades! Yo utilizaba el cabello como escondite, otros usarán un abrigo, una pose, un color, un tipo de ropa, etc.  

Así que les dejo tarea: ¡Desechen todo escudo o capa y dejen que el mundo los vea completos! Creo de corazón que todos nos merecemos poder ser quién somos, con fortalezas y debilidades, humanos perfectamente imperfectos ¡Créanme! La libertad vale más que la conformidad. 

Mari.
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Carta a un corazón roto

(Este no va ni con café ni con birra, va con amor y un abrazo enorme, para una persona muy especial)


Y aquí estamos otra vez. Puedo ver fácilmente la desilusión asomarse entre las palabras de cada mensaje que me has escrito, reconozco ese tinte melancólico impregnado en cada frase. Casi pude escuchar – porque lo he hecho muchas veces con el mio – el débil crujir de tu corazón al romperse nuevamente. 

Las heridas sangran silenciosa y constantemente en tu pecho porque ¿sabes? Creo que aún no estaban del todo sanas a consecuencia de tu última batalla cuando decidiste dar nuevamente el salto de fe. Si de fe, porque en el fondo sabías – siempre sabemos – que esta historia no tendría un final feliz.

¡Quisiera tanto con un abrazo poder unir cada trozo de tu corazón y detener el dolor que se avecina! Poder curar cada raspón, cada golpe que llevas en el alma, para que así quizás con una esperanza renovada puedas volver a comenzar sin dudas ni miedos.

¡Si tan solo pudieras ver todo lo que veo yo en ti! Sabrías cuánto amor, felicidad, paz, atención, mimos, besos y abrazos sinceros te mereces en esta vida. Verías lo mucho que vales como mujer y amiga y no permitirías que nadie menosprecie o pisotee tus sentimientos.

Juro que te comprendo, porque yo misma he caminado por los mismos lugares que tú. Yo también he pasado noches en vela por un mal amor y me he dormido abrazada a la almohada llorando mis fracasos. Yo también he sentido como la soledad me carcome lentamente desde lo más profundo del alma. Yo también he anhelado poder amar y ser amada en la misma medida.

Por eso, amiga, quiero y necesito que ames nuevamente, una vez más, pero esta vez a la persona correcta: ¡A TI! 

Quiero que grites hasta que esos sentimientos que hoy te llenan los ojos de lágrimas se marchiten; que seques tus mejillas, te mires al espejo y te perdones cada tropiezo y cada batalla perdida. Toma el aprendizaje y deja ir la culpa, los reclamos y todo el dolor acumulado.

Quiero que respires profundo y sientas como el aire llena tus pulmones y la vida te corre aún por las venas, que empieces a quererte como siempre has soñado que te quieran, a darte a ti misma lo que por años has entregado a manos llenas a otros y han despilfarrado sin entender cuán afortunados fueron al recibirlo.

Quiero que te mimes, que te sonrías, que te des una nueva oportunidad como se la diste tantas veces a quienes no la valoraron; que te digas las cosas más bellas del mundo porque aún no lo sabes pero te cuento:  LAS MERECES. 

Quiero que sueñes, que des todo, que creas, que confíes pero esta vez solo en Dios y en ti porque, amiga, te puedo prometer que no te vas a defraudar más.

Quiero que aceptes de una vez y para siempre que eres una reina y que como tal, debes sentarte a una mesa con un banquete excepcional y no recoger de las migajas que dejan a los mendigos, para que nadie nunca vuelva a darte solo lo que le sobra en lugar de lo que te corresponde.

Quiero que te des el chance de conocerte, te regales tiempo para que te (re)descubras, hagas las cosas que te gustan, trabajes en tus proyectos, te cosas por completo el alma y te ilusiones esta vez contigo misma. 

Y luego con el pasar el tiempo cuando sea el momento, cuando tengas el alma llena otra vez y el corazón en calma, puedas abrir la puerta de tu valiosa vida a alguien, pero amándote tanto primero que no dejes entrar a quien no te ame de la misma manera.

Arréglate el cabello y levanta la cabeza con orgullo y dignidad porque te tengo una noticia: ¡La mejor parte de tu vida comienza apenas ahora! ¡TQMMM!

Mari.
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¡Cerremos todas las redes sociales! ¿...O mejor no?

Este va con cafecito con leche pinito, aunque ya no hace peloticas ricas en el fondo como antes (lea esto Dos Pinos)

Un día de estos hablaba con una amiga y le pregunté por qué había cerrado su cuenta de Facebook. Me dijo que es que se había cansado de que la gente estuviera ahí nada más “chepeando” su vida para alegrarse de las cosas malas que le pasaban y para poder comérsela con fulana y sutana.

En el momento le di la razón y le dije que yo debería hacer lo mismo. Pero al rato así como de lenta digestión, me dije: 

-       Diay, pero uno escoge a quiénes tiene en redes sociales y también qué publica en ellas. Al rato y no necesito cerrar la cuenta, sino hacer y hacerme de paso una limpia. 

Yo se que hay gente ahí, esperando a que uno ponga que se comió una sopa negra y le dio diarrea para darle “me encanta” o “me divierte”; o que uno ponga que le pasó algo gacho para celebrar, como hace año y resto cuando me quedé sin trabajo y un par de personas se alegraron por eso y se regocijaron en mi situación (no se puede ser más miserable que alegrarse de que alguien no tenga con qué poner frijoles en la mesa, dicho sea de paso).

Pero el que eso sucediera o suceda solo es culpa de alguien: MIA.

¿Para qué tenemos gente así en nuestro círculo, así sea virtual? ¿Por qué no les enseñamos la puertica de salida de nuestras redes sociales y de nuestra vida de paso? “Ahhh que es que fuimos tan amigas en el cole”, “Ay es que vieras las vaciladas cuando éramos compañeros de brete” “Uy pero es que son años de conocernos, luego se enojan los otros compas conmigo”

A ver… ¿qué le está aportando? ¿qué le suma? ¿qué le da además de colerones y “me encanta” a todas sus desgracias? ¡Nada! ¡más bien le resta y le roba paz! Aprenda de una a cerrar esos círculos como se los comentaba en un post anterior. Diga: muchas gracias por todo lo vivido pero bye, y dele “eliminar contacto” sin remordimiento ni pena.

Ahora hay otro punto: ¿quién nos manda o nos obliga a estar publicando cuanta cosa nos sucede y cuánta vaca flaca nos llega al corralito? Publicarlo en Facebook, Twitter, Instagram, estado de WhatsApp, etc. es el equivalente a decir:


 Y si usted sirve en bandeja de plata su vida personal, tiene que aguantar que otros se la coman y hasta se chupen los dedos. Mas si tiene bichos cerca como los que les mencionaba anteriormente.

Gente, tenemos que aprender a hacernos responsables de cada cosa de nuestra vida. A entender que si bien no elegimos en ocasiones lo que nos sucede, si elegimos siempre que hacemos con eso. Si elegimos que decimos, que hacemos, que compartimos con otros, etc.

Con esto no quiero decir que no publique nada, o que muestre una imagen irreal de lo que es su vida, pero si que sea mucho más selectivo y por sobre todo consciente de lo que comparte y con quienes lo hace. No todos se merecen un espacio para ver la obra que usted está creando. 

Por último la decisión siempre es nuestra, el poder que otros tienen sobre nosotros se lo otorga ¿adivine quién? ¡Si, nosotros mismos! Así que elija minuciosamente con quién comparte y que cocina para que éstos coman y vean.

Y si del todo “no puede” hacer esa limpia necesaria en sus contactos, al menos hágala para usted mismo, tome el lado positivo y el aprendizaje de cada circunstancia,  y comparta siempre lo mejor que tenga, para que al menos si van a comer ¡pues que coman rico!.

Mari.


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Lo que mal empieza... ¿Mal termina?

Este va con birrita, fría y escarchada.

Pensé mucho en cuál podría ser mi siguiente post, porque tengo un par de cosas medias atravesadas entre el pecho y el estómago con giros al hígado jajaja, se que entienden. Pero me decidí a darle un poquito de continuidad a “la causa” del post anterior. Sin más aquí voy de una y de frente.


Gente: ¿qué carajos nos hace creer que algo que inicia mal, puede terminar bien?

En serio que esa pregunta me ha martillado la cabeza por semanas. Si hasta los refranes y las canciones lo dicen: “Lo que mal empieza, mal termina… Dice el viejo refrán” y uno ahí va, a tropezones y de narices, llena de raspones pero creyendo (o más bien queriendo creer porque uno en el fondo siempre sabe) que la cosa se va a componer en el camino.

Eso NUNCA pasa. O al menos yo no conozco ningún caso mio o cercano en el que la cosa empezara fatal y terminara siendo el cuento de hadas. Han de haber pues toda regla tiene su excepción, pero la regla, LA REGLA asi en mayúscula a ver si lo procesamos, es que si empieza mal, va a terminar igual.

Solo para dar contexto, hace unos meses salí con un chavalo, a los 3 días tuvimos una reu de amigos y en esa reu estaba intentando ligarse a una amiga. El tipo lo reconoce, pide perdón, justifica con que estaba un poco confundido y pide una oportunidad; y yo con mi complejo de Madre Teresa como les decía en el post anterior, le di otra oportunidad… Al final, fueron 2 o 3 meses de un estira y encoje, de un ir y venir de problemas donde lo bueno era el punto y lo malo la sábana.

Pero ¿qué podía esperar luego de lo que había pasado al inicio? O como diría mi madre: ¿qué se puede esperar de un burro si no es una patada?

Algunos estarán pensando “¡Qué clase de bestia!”, “¡Qué falta de amor propio”, etc. Pero se que muchos, muchísimos tienen historias de arranques furris con la espera del final soñado que terminó claramente en el final furris.

Pero vuelvo a mi pregunta ¿Por qué creemos? Respuestas me faltan pero teorías me sobran: ¿querer el final feliz de las películas donde lo feo termina siendo amor eterno? ¿Las novelas mexicanas que nos llenaron de drama pero siempre con finales felices? ¿La historia de esa amiga de la prima de una amiga que luego de un arranque malo tuvo su sueño de amor (porque era la bendita excepción y no la regla como somos todos?) O siendo más noble aún ¿exceso de fe en la humanidad?

Gente… ¡No se! Peroooo ¿saben que si se? Que tenemos que escuchar nuestra voz interior, esa que nos tira la alarma siempre y nos dice que corramos lo más rápido y lejos posible porque vamos a salir inevitablemente maltrechos de la situación.

Debemos, por amor propio, por salud mental y hasta por dignidad humana de dejar de darle segundas, terceras y hasta cuartas oportunidades a la gente que nos lastimó una vez de que siga haciéndolo, y no quiero decir que no perdonemos, quiero decir que aprendamos de la experiencia y pongamos además de corazón y voluntad un poquito de lógica en nuestras relaciones.

Es fundamental entender si o si que si los ingredientes están dañados, por más amor que le pongamos a la receta, el platillo nos va a saber a demonio. Así de sencillo, o prueben ponerle huevos podridos a un queque a ver si se animarían a probarlo… 

Y la vida es eso a final de cuentas, un platillo que hacemos con ingredientes de muchos tipos y eso es lo que le da el saborcito, pero por favor: ¡Usemos solo ingredientes de la mejor calidad! Para que el resultado sea delicioso y no un dolor de panza eterno.

Mari.
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Jugando a la Madre Teresa, o como escojo chavalos con las patas

¡Este va con café! (porque lo escribo mientras espero a una amiga)

He estado un poquito perdida de estos lados, por mil cosas como les conté en el último post del año. Y una de las razones fue una montaña rusa emocional en la que me subí y hasta ahorita, hace apenas un par de días pude bajarme.

psicologíaonline.com 
¡Uff, estuvo rudo! Pero tengo que decirlo ¡Cómo aprendí, carajo! Mi hermana una vez me dijo que la vida es tan buena maestra, que cuando no aprendemos la lección nos la repite y nos la repite. Y yo siempre me he preguntado ¿Por qué siempre me toca a mi el lilipendo? (o en criollo el imbécil jajaja pero era para decirlo con clase).

Pues la respuesta es taaaaaan simple ¡Porque siempre escojo con las patas! ¿Y por qué siempre escojo con las patas? Ahí es donde viene mi reciente descubrimiento: ¡Porque siempre quiero jugar de la Madre Teresa y escojo almas en desgracia! En términos simples, el mae conflictivo que ni sabe que quiere, menos a quién querer.

Y es que yo no entiendo por qué, pero las mujeres tenemos esa costumbre de andar jugando a rescatar hombres “sufridos”; vivimos en una (ir)realidad donde queremos ser redentoras de otros al precio de crucificarnos muchas veces a nosotras mismas, porque en nuestro afán por ayudar a “sanar” al prójimo, nos dejamos romper el orgullo, la dignidad y hasta el corazón.

Lo trágico de cuando nos involucramos con personas así, es que su misma inestabilidad emocional e indecisión va a provocar inequívocamente dos cosas:

1.    Que el intento de relación fracase.
2.    Que nos transfiera esas emociones a nosotros.

¡Díganme que no! Díganme que no es cierto que cuando uno se involucra con personas así pasa en un ir y venir de amor/odio, de ilusión/incertidumbre, de esperanza/espera, etc; metido en un torbellino de emociones tan cabrón que amanecemos alegres, a los 40 minutos estamos ansiosos, luego a las 2 horas depresivos, y al final del día creemos otra vez en el universo ¿Verdad?

Y entonces la otra persona nos dice que somos locos o raros… y tienen razón. Porque nos desgastamos eternamente en aquella indecisión insoportable entre el arranque del amor propio y la dignidad vs el “voy a ser paciente y darle otro chance”, cuando muy muy en el fondo sabemos cuál va a ser el final de la historia a pesar de nuestros intentos y estrategias por cambiarlo.

¿Por qué lo hacemos? No lo se realmente. Quizás por soledad, por una necesidad enorme de atención y cariño, por nobleza de corazón, por exceso de fe en la gente o simplemente por tercos, necios o masoquistas.

Lo que si se, es que debemos tomar conciencia de este patrón constante para poder romperlo y corregirlo. Y no solo dejando de jugar a ser “redentores” de otros, sino, evitando ser quién “crucifica” al redentor.

¿Y cómo? Haciéndonos responsables también por lo que nos toca, dejando de hacerle remiendos al corazón cada vez que nos lo rompen para salir trastabillando nuevamente al mundo llenos de pendientes, dudas y viejos moretones; pues es de esa forma en que nos convertimos a nosotros mismos en esa alma en desgracia que otro intentará fallidamente rescatar.

Es indispensable darnos el espacio para sanar realmente, para saldar nuestras cuentas y cerrar etapas o capítulos. Como quién dice para ponernos guapos nuevamente, para enterrar verdaderamente el pasado y poder mirar hacia adelante con el aprendizaje pero sin la carga.

Porque saben, nos merecemos alguien que cuando reciba un mensaje nuestro se ponga feliz y le brinque un poquito el corazón en el pecho; no alguien que nos deje en visto, nos conteste con desidia, por compromiso o las 6 horas cuando no tenga nada mejor que hacer.

Pero también ahí afuera en el mundo hay miles de personas que merecen lo mismo y no debemos ser nunca nosotros quienes los tengamos en esa montaña rusa emocional del quiero pero no quiero que tanto nos desgasta y desestabiliza. 

Si nosotros mismos no nos amamos, respetamos, nos damos nuestro lugar y valor ¿es realista pretender que otro lo haga? Rotundamente NO. Como se los he dicho en otras ocasiones – y como a veces lamentablemente lo olvido – Todo pero TODO empieza desde nuestro propio corazón, desde nosotros mismos hacia el mundo. Y es iluso esperar recibir lo que no somos capaces de darnos.

Así que les dejo dos tareas:

1.    Piense si como yo, anda ahí por el mundo queriendo curar a otros mientras se lastima a usted mismo en el proceso y si es así grábese esto: Deje que cada uno se haga cargo de si mismo, que si va por lana va a salir trasquilado.

2.    Haga un examen de conciencia si usted es esa persona que mantiene a otros con el corazón y las ilusiones pendiendo en un hilo. Si la respuesta es positiva: retírese temporalmente del mercado, hasta que arregle su pechito, cure su corazoncito y pueda ofrecer a otros lo mismo que usted busca para si mismo.


Mari.
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