sábado, 27 de enero de 2018

Un viaje hacia mi misma (Parte III)

Esta va con birra (ya se me está haciendo vicio acá en Dublín)

El jueves andaba en un lugar acá en Irlanda que se llama los Acantilados de Moher. Es el lugar más cercano al cielo en el que he estado. Pero el viento que hace es increíble, tanto que por ratos se hace casi imposible caminar. Yo intentaba sostener con fuerza el gorro de mi abrigo porque estaba lloviendo también, pero resulta que el viento se metía en él y lo usaba como vela para tirarme hacia atrás.

Cuando comprendí que sostenerme el gorro más bien me complicaba más caminar, lo solté. Y si, la lluvia me mojó la cabeza pero pude empezar a avanzar. Y tuve en ese segundo una visión de lo que muchas veces hacemos en la vida:

A veces creemos que necesitamos algo y nos aferramos a ello, pero hacerlo solo nos hace más difícil el andar. Luego cuando por fin soltamos vemos que nos es posible avanzar y seguir hacia adelante.

Me acerqué al muro y viendo hasta el fondo de esa maravilla de lugar solté mi carga para que el viento se la llevara lejos. En esos acantilados se quedaron mis preocupaciones y mis miedos; y ese fuerte viento que fue capaz de tirarme al suelo me liberó de todo lo que traje a este viaje y que no necesitaba, se llevó los pensamientos que no construían nada y me limpió el alma de toda vibra negativa que pudiera aún tener en mí.

Siento el corazón tranquilo y la mente despejada. Por primera vez desde que empecé este viaje puedo decir que me encuentro en total y plena paz interior. Así como el pasto fresco de los campos verdes de la Isla Esmeralda, como se le conoce a Irlanda, mi esperanza y confianza está viva y presente.

Creo en mí y sé que soy capaz de hacer inclusive aquellas cosas que mi mente cree que no. Viajar sola me ha auto demostrado mi capacidad de enfrentarme a retos, miedos y ansiedades. Me ha hecho creer realmente en mí y disfrutarme como compañera.

No volveré a dudar de mí ni del futuro, menos aún del plan de Dios para mi vida, porque aunque sé que volveré a sentir miedo, ahora sé que es solo parte del camino y está ahí para enfrentarlo y vencerlo.

Acaba de salir el sol en Galway, pero también sale el sol para mi corazón y mi mañana. Hoy creo, disfruto del viaje, vivo mi momento. Confío, siento duda pero también certeza no solo de haber dejado a atrás todo lo no me dejaba seguir, sino de que voy por el camino correcto hacia mi futuro, siendo feliz y disfrutando el viaje cada instante.

Mari.


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martes, 23 de enero de 2018

Un viaje hacia mi misma (Parte II o cómo va la cosa)

Este va con birra (porque estoy en Irlanda, la Guinness es toda y no me resistí jaja)

En mi entrada del post pasado, me dejaron un comentario que reflejaba casi al 100% mi sentir, quise contestarlo pero por alguna razón no me sale ya visible. Acá lo comparto desde la notificación de email:


“Buscando eso que a uno no se le perdió pero que necesita, porque uno sabe que lo hará mejor persona”

Este viaje ha sido desde el día 1 hasta hoy día 6 una prueba y lucha contra mí misma, mis miedos, mis dudas, mis inseguridades, mis ansiedades…

¿Seré capaz? ¿Cómo me voy a sentir? ¿Cómo lo resuelvo, si es que puedo? Mi pobre inglés bastante oxidado y el nada de español de los irlandeses me ha puesto bastante inquieta, pero el lenguaje universal de la buena intención y la bondad de ellos me ha permitido ir resolviendo cada cosa y sintiéndome cada vez más cómoda aquí, y conmigo misma.

Llena de “y si…” que algunos se materializan pero de igual manera se resuelven. El día siempre sale y termina bien; lo logro y eso me hace más fuerte y más segura.

Pensé que quería venir a escribir y escribir, pero no me ha nacido… Es que vine por otras cosas primero.  Vine a soñar, a terminar de enterrar cualquier rastro de mala vibra que me quedara en el alma del año pasado y de paso aprovechando a terminar de sacarme de la mente a ese chico que a veces aún se pasea en mi mente y que después de semanas de silencio allá, me viene a escribir aquí reviviendo una falsa esperanza (juro que lo dejo en los acantilados, ya verán).

Y si tuve en algún momento dudas de que lo mejor que me había pasado era mi desempleo por mi infelicidad, desde que puse un pie acá di gracias por lo ocurrido ¿Si no como estaría aquí cumpliendo este sueño? Viviendo un poco, y reviviendo un poco más.

Y como cereza en el pastel, reafirmando el valor de una familia nada egoísta que me empuja hacia adelante, se preocupa, confía en mí, me cuida, comparten la experiencia desde allá conmigo y se alegran sinceramente. Están siempre conmigo a su manera y a la mía.

Finalmente, de las cosas que me han pasado, puedo sacar dos conclusiones importantes:

1. La gente es buena, sigue siendo buena. Basta con creer que es así y ser nosotros también buenos con los otros. El mundo será un lugar mejor.
2. El mundo no es perfecto pero no por eso deja de ser feliz, pues a pesar de los obstáculos todo sale bien al final y la vida nos sorprende.

Pero me sigue faltando algo… Sigo sin encontrar lo que como dijo Carolina, no perdí pero necesito. Y quién sabe, quizás un duende mágico me guie y lo encuentre.

Mari.



PD: La fotito se las quise compartir, porque la tomé el día que llegué y refleja perfecto lo que todos nos imaginamos que es Irlanda, o al menos yo ;)
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martes, 16 de enero de 2018

Un viaje hacia mi misma

Este va con birra ¡De celebración y de calmante, ja!


Aunque esté de más, quiero empezar declarando mano en corazón que soy muy feliz y afortunada de tener mi vida: la familia que Dios me regaló, mis amigos, mis perritos, mi profesión, etc. Pero creo también que a lo largo del tiempo partes de mí se han ido escondiendo, adaptándose a las circunstancias o quedando en el camino.

Desde hace varios meses he ido poco a poco reencontrándome conmigo misma y con lo que verdaderamente quiero, me gusta y soy. Sin embargo, dicen que a veces para ver todo el panorama hay que dar un paso atrás y poner todo en perspectiva, y en estos días que he tenido tiempo de sobra para pensar en mí, empezó a asomarse poquito a poco la idea de pasar un tiempito conmigo misma, lejos de toda la vida tal cuál la conozco.

Como les comenté en un post anterior me encuentro desempleada y eso le indica a la razón que hacer un viaje en este momento no es nada conveniente y que lo más lógico sería conseguir un empleo primero y luego con el tiempo pensar en viajar. Sin embargo, mi corazón siente esa necesidad de irme a pensar y soñar yo con yo, también porque en el fondo tengo esa tranquilizante confianza de que todo va a estar bien y el futuro es más que esperanzador.

Así que la idea se convirtió en un pensamiento real, el pensamiento en un plan y finalmente el plan en una decisión, lo que me tiene a poco más de 48 horas de una de las aventuras (o estupideces) más grandes de mi vida: irme unas semanas del país a uno de mis destinos soñados.

Este viaje no solo implica autoconocimiento, energías renovadas o placer, también implica retarme a mí misma a salir de mi zona de confort viajando a un lugar en el que nunca he estado y enfrentarme al viajar sola a algo con lo que he luchado por 5 años (y de lo que les contaré a detalle en otro post): mi ansiedad.

Y entre más se acerca el vuelo, más me cuestiono si estoy haciendo lo correcto. Si me preguntan ¿está 100% segura de subirse a ese avión? La respuesta sin duda es ¡NO! Pero justamente de eso se trata, de dejar que de vez en cuando el corazón le gane a la razón solo porque si, sin más.

¿Y si no encuentro ninguna de las respuestas que estoy buscando? ¡No me importa realmente! Porque eso también será sin duda una respuesta contundente. A veces se aprende más de la equivocación que del acierto, y aunque nos tengan evangelizados que siempre se debe buscar el éxito, les juro que de fallar nadie se muere (a menos que el que falle sea el médico).


Para estar en esta vida hay que ser un poco loco y un poco cuerdo (frase de mi hermana), y de este episodio de locura, espero compartirles muchas historias ;)

Mari.
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miércoles, 3 de enero de 2018

Confesión a corazón abierto

Este va con café, porque aunque es un poco amargo, se disfruta verdaderamente.

En este post quiero compartirles cómo rompí y sané mi corazón:

Desde niña siempre tuve un amor grande por la lectura; me consumía en cuanta cosa leíble encontraba a mi paso: revistas, periódicos, enciclopedias, novelas clásicas, etc. Pero una de las cosas que más disfruté siempre fueron los poemas. A esa edad no podía comprender la intensidad de todos los sentimientos que se plasmaban en aquellas líneas, pero aun así, podía distinguir trazos de amor.

Mi primer poema quizás lo escribí a los 9 o 10 años. Aprendía canciones de amor y las escribía para enviárselas a un compañero de quinto grado por el que me sentía, tan profundamente como una chiquilla de 11 años puede, enamorada.

En el colegio, escribía cartas de amor “por encargo” para que mis compañeros de clase se las enviaran a mis compañeras ¡y funcionaban! Pero quizás por ser una romántica sin causa, ansiaba vivir y experimentar el amor.

Pero algo que fui aprendiendo desde entonces, es que no solo mis sentimientos y pasiones eran intensos, sino también mi temperamento y mi orgullo.

Tuve oportunidades como toda adolescente de salir con chavalillos. Pero era demasiado joven para saber cómo controlar todo lo que tenía dentro y así arruiné mis primeras relaciones. En ese entonces no podía reconocer mis errores para enmendarlos, así que poco a poco, con el afán de proteger mi corazón fui escondiendo todo aquello que yo era.

Iba error tras error, y con cada uno, más maquillaba aquella careta que empecé a usar. Mis compañeros y amigos de infancia fueron quedando atrás, y aquella parte de mí que leía poemas, memorizaba canciones de amor, escribía cartas y soñaba con finales perfectos quedó oculta para todas las personas que luego fui conociendo.

Nunca dejé de leer ni escribir y cuando estaba sola, escuchaba todas esas canciones que evocaban la tristeza, la nostalgia y la soledad en mi memoria. Creo que tampoco dejé nunca de soñar con mi propia historia de amor, aunque pareciera que nunca me sucedería.

Veía películas románticas con finales felices y lloraba siempre preguntándome ¿por qué esas cosas a mí nunca me pasaban? ¿Por qué todo mundo parecía encontrar el amor y la felicidad menos yo?

Salí con muchas personas, pero nunca dejé de estar sola. Porque quería tanto encontrar el amor que me aferraba a relaciones mediocres con la vana esperanza de transformarlas en el cuento de hadas que todos soñamos, y en ese proceso contrario a llenar mi corazón solo conseguí dejarlo cada día más vacío. El hueco se hacía más profundo porque ¿cómo puedes dar a otros aquello que no tienes?

Fui acumulando en el camino una serie de inseguridades que me hicieron dudar de que alguien – amigos o amores – pudieran apreciarme tal cuál era ¿Y cómo iban a hacerlo? Si ni siquiera me apreciaba ni me aceptaba yo misma…

Era un círculo vicioso malvado: quería tanto estar con alguien, que estuve con personas incorrectas que me lastimaron; y quería tanto evitar que me lastimaran nuevamente que me protegía de todos los que se me acercaban ¿entienden la ironía de todo esto?

Un día me vi entre las tantas paredes que traté de levantar para que el dolor no me alcanzara y descubrí que había tenido éxito: ya no había vuelto a sufrir decepción ni desilusión, pero a la vez descubrí que al construir todo aquello, también evité que la vida misma me tocara.

Por dentro, era como ese jardín que al cortarle la mala hierba le cortaron también las flores y el pasto verde. Me sentía como tierra seca…

Entonces, con una chispa de valentía que me quedaba en algún rincón del alma, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: AMARME.


Le ofrecí mi corazón a Diosito para que lo sanara y ese amor que tanto anhelaba entregar, empecé a dármelo a mí misma. Me dediqué tiempo, dejé de aceptar a personas que contrario a aportarme, me restaban, porque cuando uno empieza a valorarse se da cuenta que no cualquiera merece nuestro tiempo y nuestros sentimientos.

Pude ver poco a poco todo lo bueno que había en mí, mis virtudes, mis fortalezas y también mis debilidades, porque sin autocrítica tampoco hay avance. Vi entonces como cada muro fue cayendo poco a poco para darle paso a todo lo bueno que fue llegando y la vida por fin, empezó a correrme nuevamente por las venas.

Entendí que gasté mucha energía buscando la felicidad, pero que como ya lo he dicho en post pasados, no es algo que se encuentra sino que se construye día con día. Al igual que… el amor. Porque primero debemos cultivarlo dentro de nosotros mismos para poder entregarlo a otros; se trata primero de ser personas completas y plenas para poder no completar, sino complementar y compartir nuestra vida con alguien más.

Ha sido un proceso largo y muy duro, no lo niego, pero en extremo satisfactorio y feliz. Viviendo un día a la vez, he podido aprender a valorar y amar verdaderamente cada detalle de mi vida… y de mi misma.

Y hoy puedo por fin comprender que ser sensible y romántico no es sinónimo de debilidad, porque soy una mujer fuerte y valiente que nunca baja los brazos ni se cansa de luchar. Puedo al fin, sentirme 100% orgullosa de quién soy y seguir día con día, amándome.


Y después de tanto, solo puedo decirles que si no lo han hecho aún, aprovechen este día para hacer las paces con ustedes mismos, aceptarse tal cuál son para poder con paciencia mejorar aquello que consideren necesario de ustedes y sus vidas; perdonarse por los errores del pasado, tomar la enseñanza y desechar el dolor para avanzar; y principalmente, hoy es muy buen día para empezar a AMARSE porque es el primer paso para vivir verdaderamente el amor.

Mari.
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